Cuernos de una noche de verano

Cuando los jóvenes franceses del piso de abajo empezaron a cantar a voces el “Non, je ne regrette rien” (no reconocí la canción hasta que llegaron al estribillo pues los chavales no eran precisamente los chicos del coro) por alguna extraña razón se me hizo raro. No debería serlo, pues nada hay más normal que unos franceses cantando una canción francesa. También aquí en España a la quinta cerveza siempre hay alguno que se arranca por Nino Bravo. Pero por sus voces y su manera de hablar parecía que los muchachos franceses, dos chicas y dos chicos, debían tener veintipocos años y no me cuadraba mucho que sintieran tal apego por un temazo clásico galo compuesto hace más de sesenta años. En nuestro país los beodos que berrean “libreeee…como el sol cuando amaneeeece…..” suelen ser puretas de mi generación o de las anteriores y no jovenzuelos millennials. Sea como fuere a mí la cosa se me hacía extraña, lo que podía deberse o bien a que no sé nada de Francia, ni de la música y cultura francesas, ni del carácter de sus gentes, ni de lo que piensa la juventud del país vecino ni la de ningún otro sitio, o bien deberse a que los muchachos del piso de abajo eran un poco raritos y casposos. Elegí la segunda opción por ser la más entretenida y los imaginé (aún no les había visto las caras, solo había escuchado sus voces) vestidos como los niños pijos beatos del madrileño barrio de Salamanca, esos que responden a nombres como Tirso o Federica y que suelen ir uniformados con camisa de marca y jersey atado al cuello ellos y manoletinas y faldas de tablas ellas.

Mi teoría hizo aguas a la noche siguiente cuando desde el balcón vi llegar a casa a los cuatro franceses a eso de la una de la mañana. Más que beatos lo que parecían eran tronistas. Taconazo y minifaldacinturón para ellas, esteroides y camisetas talla XS para ellos. No llegaron los cuatro juntos sino primero una de las chicas, dos o tres metros por detrás uno de los chicos y algo más retrasados la otra parejita. El paso acelerado y los brazos cruzados de la que llegó primero al portal, el gesto de cordero degollado del segundo y la cara de la parejita en plan “ya te dije que mejor nos íbamos tú y yo solos a Benalmadena mon cherie” hacían presagiar que la vuelta a casa se había adelantado por algún acontecimiento inesperado y polémico. Además, la una de la mañana no es hora de volver a casa si sales de juerga aquí en Salou. Esto no es Ibiza pero marcha hay la que quieras, si lo que quieres son bares hasta arriba de gente y música 99% puta mierda de vaca loca. A la una de la mañana el jaleo apenas ha empezado y nadie se vuelve tan pronto a casa a no ser que se le haya ido la mano con el Jägermeister o se esté cagando. Hay una tercera posibilidad, el volverte a casita de mal rollo implorándole perdón a tu novia porque te acaba de pillar tonteando con otra tía delante de sus narices. Por los gritos de mujer ultrajada que se empezaron a escuchar en el piso de abajo, con proliferación de la palabras “salope” (puta), “connard” (cabrón) y el verbo “regarder” (mirar) estaba bastante claro que a uno de los chicos le había encalomado la churri o bien mirando con descaro a otra tipa o bien directamente tonteando con ella cegado por la testosterona. El nivel de decibelios de la novia traicionada hacía suponer que probablemente se trataba de lo segundo. Era tal su ataque de histeria que no me extrañaría que hubiese pillado in fraganti al novio con las manos en la masa corporal de otra. Al novio infiel apenas se le escuchaba pues cada vez que intentaba decir algo su futura ex-novia soltaba un tajante “ta gueule!” (algo así como “que te calles!”) que me asustaba hasta a mí que disfrutaba escuchando la escenita sentado en mi terraza. Solo me faltaban unas palomitas. Pensaréis que soy una gaceta. Y lo soy.

Después de un buen rato de gritos, insultos y llantos se escuchó un portazo y la voz de la novia vilipendiada dejó de oírse. Supuse que se había encerrado en una habitación en compañía de la otra chica porque a partir de entonces sólo se escucharon las voces de los dos chicos. El que se había comido el marrón por fin podía hablar sin que le mandaran cerrar la puta boca y parecía justificarse delante de su amigo. Dicho amigo era un poco cabroncete pues de vez en cuando se le escuchaba reírse y un par de veces me pareció entenderle “nibard gros” (tetas grandes) sin duda recordando a la moza cuyos encantos habían ensimismado al novio melón precipitando los acontecimientos. Como la mejor parte de la peli ya había pasado dejé a los dos jovenes galos con su charla y me fui a la cama con la esperanza de soñar con un buen par de nibard gros.

Al día siguiente no se escuchaba un alma en el piso de abajo. Mala señal. Si la situación se hubiese enderezado se les escucharía de nuevo hablar como si nada hubiera pasado pero ese completo silencio indicaba que ya no había nada más que decir y que la cosa estaba vista para sentencia. Esta teoría se confirmó cuando a las dos de la tarde salió del portal con cara de entierro la novia traicionada acompañada de la otra parejita. Metieron sus maletas en un coche, se montaron los tres y se largaron. El novio sin dos dedos de frente aún tardó un rato en aparecer, también con cara de ir a un entierro, al suyo. Con la mirada perdida se montó en el coche y arrancó camino del viaje más largo de su vida.

Las vacaciones en pareja las carga el diablo y más de uno y de una en vez de morenos lo que vuelven son negros tras aguantar a su media naranja las 24 horas del día. Las estadísticas de parejas que rompen durante el verano dan miedito y no dejan lugar a dudas, compartir más tiempo del acostumbrado con tu cari es el mejor test del estado de la relación. Si tu relación es una mentira en fase terminal que sigue viva por pura inercia o por falta de valor para rematarla lo mismo te da irte de crucero de lujo por el Caribe o de safari por el Masái Mara. Por muy lejos que vayas te llevas en la maleta muchas papeletas para que tus esperadas vacaciones acaben como el rosario de la Aurora. Si por el contrario eres de los afortunados que celebran y disfrutan de cada minuto que pasan con su amorcito del alma nada ni nadie te joderá las vacaciones aunque éstas consistan en pasarse todo el mes de agosto en un sofocante camping de Seseña sin piscina y en compañía de suegros y cuñados.  El amor verdadero escasea más que las angulas pero aquellos que lo encuentran y tienen en su pareja a su mayor cómplice se vuelven inmunes a casi cualquier zancadilla que el destino les depare.  Estar enamorado y saberse correspondido te vuelve invencible. O eso me han dicho.

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2 comentarios en “Cuernos de una noche de verano

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