Voy demasiado a la playa

Odio repetirme pero hoy toca otra vez historieta playera. Prometo mejorar pero tratad de entenderme, vivo a doscientos metros de la playa y a dos kilómetros y poco del trabajo. Mi campo de batalla vital es de reducidas dimensiones. Curro, casa, bar y playa a tiro de piedra. Al curro bastante tengo con ir como para encima escribir de él. En casa no me ocurren grandes aventuras a pesar de tener un vecino onanista y semi exhibicionista, que por cierto ha reincidido. De bares ya hablo bastante y cuanto menos cuente mejor así que solo me queda sacarle algo de punta a las pocas veces que no me quedan más cojones que ir a la playa. Si, lo sé, estáis pensando (sobre todo quien me lee desde el tórrido Ciempozuelos) que menudo desgraciao que vive al lado de la playa y no va todos los días. Ya me gustaría veros a vosotros aquí. Somos de secano paisanos. La playa está sobrevalorada. La coges con ganas si la ves diez días al año pero si tu pueblo tiene playa al final pasas de ella como pasaste un día de los columpios. O eso o es que cada vez soy más rancio, que no hay que descartarlo tampoco. Dicho esto y ya que me pitan los oidos quiero dejar claro que sé que soy un afortunado por vivir al lado del mar y poder ir a mojarme el culo cuando quiera aunque no quiera!

Y a eso íbamos, a hablar por enésima vez de la playa. Hoy tengo el día libre y se han alineado los astros. Me he despertado pronto y sin resaca. Hacía un día de puta madre sin pizca de viento y no he sido capaz de encontrar ningún otro factor que pudiera aconsejarme no ir a la playa. Así que me he pertrechado y he salido de casa antes de pensármelo más. Hoy iba full equipe para sobrevivir unas horas. Sombrilla para evitar freirme, sillita plegable para evitar tumbarme y una cuca neverita llena de tinto de verano helado para evitar irme de cañas. Y ni punto de comparación vamos. Lo mismito es estar tumbado al sol boqueando como un manatí varado en la orilla que estar a la sombra cómodamente sentado contemplando el panorama con un refrigerio en la mano. La sillita de playa es la solución definitiva a mis problemas de adaptación al medio playero. Es una de esas bajitas que es casi lo mismo que estar sentado en la arena pero con respaldo regulable, lo que te permite pasar del modo gaceto al modo sopor en tres clics. Yo he estado un buen rato en modo gaceto hasta que se me ha colocado delante una familia de trogloditas que ha empañado en parte el panorama. No voy a hablar mucho de ellos porque muchas lecciones de cómo formar una familia no puedo dar. Pero telita. He borrado ya tres frases que me sonaban fascistas así que lo resumiré en que no me gustaría nada haber tenido esos padres y que sus pobres hijos eran la consecuencia lógica de lo que habían mamado.

Ahí es cuando no me han quedado más cojones que tumbar el respaldo, ponerme los cascos y entrar en modo sopor. El último disco de los Chemical Brothers me ha acompañado en mi viaje aunque con algún tema más que sopor me entraban ganas de irme al cajero y luego de after. Después de media hora de letargo salpicado varias veces por la arena que los anfetamínicos vástagos de la familia disfuncional arrojaban a discreción he decidido darme un chapuzón para espabilarme un poco porque me estaba quedando fritanga. El agua estaba fría como de costumbre pero el hecho de que hubiese bastante gente en la playa lo ha hecho todo más fácil. Hoy nada de escenitas que hay gente mirando. El “qué dirán” hace milagros y sin un aspaviento me he metido con paso firme en el agua hasta que me he zambullido. Y para aprovechar el viaje incluso he nadado un poco hasta lo hondo y he meado. Volviendo hacia la orilla he buceado un poco y he salido del agua teniendo presente la escena similar del 007 de Daniel Craig en Casino Royale. Bueno, la escena es similar porque se trata de un tipo saliendo del agua. En lo demás se ha parecido como un huevo a una castaña. La mía mucho mejor.

De vuelta en mi campamento he descubierto que la familia Monster estaba en pleno proceso de anexionarse mis territorios. Uno de los pequeños demonios ya había conquistado mi toalla y la pisoteaba con saña mientras que su hermana parecía estar bailando pole dance con el palo de mi sombrilla. Sus padres no se habían dado cuenta, de hecho probablemente no se han dado cuenta de nada en su vida. Me ha sido imposible hacerles entender a las criaturitas que se tenían que ir a dar por culo a otra parte hasta que por fin el padre ha bajado de la parra y con un par de sonidos guturales ha llamado a sus cachorros junto a él.

De nuevo a solas en mis dominios he recompuesto un poco el campamento y me he vuelto a sentar, ahora al sol para secarme y girando la silla para evitarme la peli de miedo que tenía delante. Me he servido un tinto de verano helado, me he colocado las gafas de sol, me he encendido un piti, he puesto el Afterlife de Arcade Fire en los cascos y me he dispuesto a sonreír hasta aburrirme porque no se me ocurría nada mejor que hacer.

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2 comentarios en “Voy demasiado a la playa

    1. Cuando vuelvas por aquí nos vamos a malvivir un rato a la playa, aunque sea noviembre!!! A mí me encanta que me leas y tu dirección de correo me ha llegado al alma! Un besazo Jairo!

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