Día 5. Tengo miedito

Es una pena que el otro día hiciese un monográfico sobre literas porque la cosa ha “mejorado” de manera exponencial y odio ser repetitivo. Lo sintetizaré diciendo que en Zermatt me tocó dormir en un nicho, forrado de madera y todo lo que tú quieras, pero un nicho. Un agujero en la pared vamos. Otra cosa no pero intimidad tenías la que quisieras. Menos mal que no abulto gran cosa porque un tío grandullón ahí metido tiene que dormir con los brazos cruzados sobre el pecho como Nosferatu. Además, para que os hagáis una idea de la cantidad de escalones que tenías que subir hasta alcanzar esta “suite” solo os diré que los cachondos del hostal le habían puesto un nombre muy apropiado, Kilimanjaro. No es coña.

Pero lo mejor estaba por llegar. En el hostal de Chur, desde donde os escribo ahora, si yo tuviese que ponerle un nombre a la habitación compartida donde me alojo la primera opción sería sin duda Auschwitz. No os pongo la foto del barracón en cuestión porque si por esas cosas de la vida acaba viéndola mi madre (no tiene Facebook pero mi mala suerte puede con todo) se viene ahora mismito a buscarme aunque tenga que cruzarse los Alpes en burro.

Y lo peor del asunto es que estoy yo solo en el hostal. Aparte de la chica de recepción, un encanto la verdad, no he visto a nadie más. Pero hay alguien más. Puedo notar su presencia. Lo noto en el olor a cabra muerta que reina en el barracón y en el catre deshecho que hay cerca del mío. Sobre este hay ropa sucia de hombre desparramada y bajo el somier una especie de petate militar. La chica de recepción me ha dicho que ella a las ocho de la noche cierra, se va a su casa y no vuelve hasta mañana por la mañana. Que me deja la llave y que me apañe. Ahora mismo son justo las ocho y mi desconocido compañero de cuarto no ha aparecido. Estoy solito en todo el edificio. En un pueblo que hasta hace un mes no sabía ni que existía. Reconozco que un poquito de yuyu sí que me da y como es mi costumbre me estoy poniendo en lo peor. Tumbado en la cama me descubro a mí mismo intentando acordarme de cómo demonios se rezaba el padrenuestro para pedirle a Dios que el que aparezca por la puerta no sea el Descuartizador de los Alpes. Y si puede ser que tampoco sea el Enculador de los Alpes. O por lo menos que sea uno u otro y que no me encule mientras me descuartiza. Joodeer, creo que estoy delirando un poco y ya me parece notar el sabor de la burundanga bajándome por la garganta. Mamááá!!!! Si las cosas se ponen feas solo tengo para defenderme un cortauñas de mierda. Y mi bolsa de la ropa sucia. Siempre se la puedo lanzar a mi posible agresor a modo de gas lacrimógeno y aprovechar su estupor para escabullirme por la ventana.

Si mañana no hay historieta temeros lo peor. Y por si no os vuelvo a ver que sepáis que os quiero mucho. A todos. Y os quiero aquí, a mi ladito, ahora.

Shhhh…creo que he escuchado un ruido. Sí. Alguien está subiendo la escalera.

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