Día 3. Low cost life

¿Hace cuánto que no dormís en litera? Yo hacía mogollón de años pero en estos días me voy a hinchar. Es lo que tiene ser más pobre que una rata y querer viajar más allá de Peñíscola. Poder puedes, pero llevando la expresión “low cost” tatuada en la frente.

Espero que no necesitéis nunca este consejo pero por si acaso recordad, si tenéis que dormir en litera y podéis elegir, elegid siempre la de abajo. No os dejéis llevar por delirios peterpanescos ni gaitas, o sea, no seáis gilipollas. En la de abajo llegas y te tumbas, sin complicaciones. Si acaso el único pero que le encuentro es la cantidad de veces que te arreas un coscorrón con la cama de arriba por la falta de costumbre. Cuando estás tumbado todo va bien, no hay peligro de descalabro, pero cuando te incorporas, o peor aún, cuando estás de pie junto a litera haciendo algo como organizar la mochila sobre la cama, si no estás hábil pierdes la cuenta de las veces que rematas de cabeza al larguero. Sin balón. Cada golpe te duele doblemente, en la cabezota y en tu orgullo. Y mientras piensas “pero cómo he estado tan tonto de darme otra vez?” te agachas a meter el neceser en la mochila y zasca…te arreas de nuevo. Y así hasta sacarte de quicio. Pero con ser esto un problema no se acerca ni de lejos a las penurias que pasas si te toca el catre de arriba como ha sido mi caso en Ginebra. Puede parecer más divertido y jijiji jajaja pero naah, no os engañéis, ya no estamos para esos trotes.

La primera prueba es alcanzar la cima. Yo vengo entrenado después de saltarme la valla de la estación de mi pueblo el otro día pero encaramarse ahí arriba sin resoplar es tarea ardua si no eres un chimpancé o tienes sangre gitana. Una vez arriba sólo puedes moverte de rodillas por el colchón pero a la vez medio agachado para no darte con el techo del cuarto. Esta postura de Quasimodo haciendo pilates no hay quien la aguante mucho rato así que terminas por no subirte hasta que no estás seguro de que te vas a dormir enseguida. Y si subirte con estilo es chungo bajarte con un mínimo de dignidad es imposible. O bajas de espaldas con el culo en pompa o lo haces de frente tanteando a ver donde pones los pies y con los brazos temblandote como a un gimnasta flojeras.

Pero si todo esto no os ha parecido suficiente razón para optar por la litera de abajo ahora imaginaos tener que subir de noche, a oscuras y con tus compañeros de cuchitril ya durmiendo. Pensaréis que si acaso no tengo linterna en el móvil para alumbrarme. Claro que la tengo, pero también tengo solo dos brazos y los necesito para subir la escalerita. La única manera de realizar la operación es sujetar el móvil con la boca (jurándote que el próximo que te compres no será de 5’5 pulgadas), torcer la cabeza hacia arriba para que la linterna no te ilumine las pelotas sino la escalera y tener todo el cuidado del mundo al poner los pies en los escalones no se te vaya a ir un pinrel y se lo metas en la boca al chino que duerme debajo.

zermatt

En otro orden de cosas Ginebra muy bien. Al menos lo poco que me dió tiempo a ver. La parte antigua es muy bonita y la más moderna es…muy suiza. Estaba todo tan limpio que me daba cosa hasta fumarme un piti por no llenar la calle de humo. Además, estar a orillas de un lago de tres pares de cojones como el Lemán (no se ve la otra orilla, esto es un lago y no el del Retiro, no me jodas) hace que toda la ciudad brille todavía más.

No quería caer en el tópico de lo bien que hacen las cosas los suizos pero es que no me queda más remedio. Nada más llegar al hostal te dan una tarjeta para viajar en el transporte público de la ciudad, por la jeta! Y mi hostal era de los baratos, no sé que te darán en el Hilton. Con la susodicha tarjeta puedes montarte en todo, incluyendo unos barquitos que cruzan el lago! Y como yo soy más de secano que una mata de tomillo me faltó tiempo para subirme a uno y cruzar un par de veces el lago como si nunca hubiera visto un barco. Me tuvo que saber a poco pues esta mañana he madrugado para montarme más veces.

Ya he llegado a los Alpes y estoy nerviosito pues mañana me subo al Glacier Express, uno de los motivos de este viaje. El otro motivo era que no sabía donde ir. Solo sabía que quería irme.

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