El otro día acabé cantando en un burdel

El otro día acabé en un puti. Así de primeras sé que tal confesión no me deja en muy buen lugar pero no os dejéis llevar por la primera impresión y dejadme que exponga los matices atenuantes.

A las tres de la mañana de un jueves cualquiera y cuando ya me había metido entre pecho y espalda unos cuantos Green Dragon (bebida de hombres, mucho vodka con algo de menta y un poquito de nada más) preparados por el mejor barman del mundo, el Miki, decidí irme dando tumbos a mi casita pero ya era tarde, había sobrepasado el punto de no retorno.

El bar estaba cerrando y los camareros tenían ganas de fiesta. Resulta que habían planeado acercarse a un karaoke de Salou a hacer un rato el ganso. Yo me opuse con mis mejores excusas pero aquí ya me conocen y saben que insistiéndome un poco me apunto a un bombardeo de la OTAN así que sin mucha gana me encontré dentro del coche de un tipo al que no conocía intentando convencerle de que quitase su mierda de música latina y buscase una emisora heavy. Para que veáis que nuestras intenciones eran inocentes diré que en busca del karaoke íbamos cinco tíos pero dos de ellos acompañados por sus parientas y huelga decir que a ninguna parienta le suele hacer mucha gracia meterse con su cari en un burdel.

Finalmente aparcamos delante del karaoke de cuyo nombre no quiero acordarme y entramos en busca de risas y gallitos. Nada más entrar al sitio algo me empezó a oler a chamusquina. El local era muy pequeño, la iluminación recordaba a una mazmorra otomana y los cuatro gatos que había en el garito llevaban camisas desabrochadas hasta el ombligo y cadenas de oro sobre el pecho. Mis sospechas fueron en aumento al comprobar que todas las camareras estaban requetebuenas y llevaban menos ropa que Tarzán. Por aquí es bastante normal que las camareras lleven la falda por encima del ombligo así que intenté dejar mis dudas de lado y me acerqué a la barra a pedirme un Absolut con Sprite.

Mis sospechas se volvieron certezas al comprobar que una camarera con pinta de ser Miss Vladivostok 2009 se me acercaba y me miraba directamente a los ojos. Las camareras no te miran nunca a los ojos, mucho menos si están buenorras y tú eres un mindundi. Entre balbuceos conseguir pedir mi copa y cuando Miss Vladivostok me pidió diez pavos por mi cubata por fin supe a ciencia cierta que estaba en un puti. Enseguida fui corriendo a contarle mis temores a los colegas y aunque ellos me decían que todo eran paranoias mías ya soy mayorcito como para saber que pensaban lo mismo que yo pero no querían reconocerlo, especialmente ellas, que habian tenido la idea.

Nos hicimos lo suecos y empezamos a decidir qué narices queríamos cantar cada uno. A mí me daba mucha vergüenza quedarme a solas delante del micro pero después de asistir al ridículo de alguno de los puteros del lugar intentando cantar algo de Nino Bravo se me pasó el pudor y me decidí a deleitar a la audiencia con mi aterciopelada voz. Por fin llegó mi turno y me encaminé hacia el micro sintiéndome algo a medio camino entre un bufón y una stripper. Desde el escenario tenía una visión más completa del antro y mientras lo daba todo destrozando “La Mataré” de Loquillo comprobé que en el lugar más escondido de la barra había un par de tipos cachas, rapados, superserios, con pinta de haber matado con sus manos a dos docenas de bosnios cada uno, que controlaban todo lo que pasaba en el bar y a los que las camareras no se atrevían a mirar a los ojos.

A pesar de tener los huevos atenazando mis cuerdas vocales muy mal no lo tuve que hacer pues al terminar mi actuación recibí el aplauso no solo de mis colegas sino también de unos rusos a los que no me atrevería ni a preguntarles la hora. Cuando todos habíamos hecho el ridículo delante del micro (mención especial a la versión de Jhony Tecno Ska interpretada por el Miki y su hermano Iván) salimos de allí corriendo pues ni el ambiente ni los populares precios eran de nuestro gusto. Unos días después le conté mis sospechas a una lugareña amiga mía la cual me corroboró lo que casi todo el mundo sabe por aquí. El karaoke es una tapadera y las camareras te atienden mucho mejor si te subes a una habitación con ellas.

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