Liam McAuley

Me ha escrito Liam McAuley! No le deis vueltas al nombre porque ni os suena ni debería. Liam es el chavalito de dieciséis años que malvivía con nosotros en Dublín. Liam el “niño”, Liam el “pajero”. Hacía diez años que no sabía nada de él y estaba seguro de haberlo perdido para siempre. De hecho, basándome en sus usos y costumbres de aquella época cabía la posibilidad de que el mundo entero lo hubiera perdido para siempre.

Liam era de Belfast y con quince años su familia lo mandó lejos de allí para que aprendiera un oficio y evitar que terminase siendo carne de cañón. En Dublín Liam encontró un trabajo de aprendiz de ayudante de pinche de cocina y mucha más tranquilidad pero mucha más libertad también. Se dio a casi todo vicio conocido a una edad en la que muchos apenas fumábamos porros.

La única vez en toda mi vida que la policía me ha despertado de madrugada golpeando la puerta de mi casa fue cierto día que Liam salió de fiesta, se puso del revés, para rematarlo se comió un tripi y cuando la cosa empezó a bajar cogió un taxi, se vino a casa, entró a por dinero para pagar el taxi pero se metió en la cama y durmió la mona de veinte pintas de cerveza. El taxista no se atrevió a llamar a la puerta por si al final el borracho esquizoide le partía la cara así que llamó a la policía. Cuando me desperté por el ruido y miré por la ventana vi un taxi, un coche patrulla de la Garda con las luces puestas, dos policías haciendo gestos para que abriésemos y un envalentonado taxista que daba vueltas con cara de mosqueo y hacia aspavientos hacia la casa mientras ladraba cualquier expresión conocida formada a partir de la raíz “fuck”. Como tengo manía persecutoria instintivamente dudé ¿vienen a por mí? pero no, venían a por Liam o en su defecto a por treinta libras. A Liam fuimos incapaces de despertarlo así que el gabinete de crisis de naciones unidas (un francés y una francesa, un canadiense, un mexicano y uno de Ciempozuelos) acordó poner el dinero entre todos para que nos dejasen dormir tranquilos. Cuando se lo contamos al día siguiente a Liam el muy cabrón se partía la polla pero a la vez estaba jodido por haberse perdido la escenita con él en coma en la parte de debajo de una litera, dos maderos dándole voces y zarandeándole y sus cinco compañeros de casa decidiendo si pagaban la deuda o lo entregaban a la policía.

Pues bien, ese Liam, el “niño” al que daba por perdido o por algo peor, me ha encontrado por el facebook y me cuenta que vive en Belfast, que tiene una estupenda mujer llamada Jenny, una casa y un trabajo como chef. También tiene a Emma, una niña de seis años que según sus propias palabras “is the best thing that ever happened to me“.

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